Así fue como el triángulo rosa llevó a la comunidad LGBTQI+ de la vergüenza al orgullo
¿Has visto alguna vez el símbolo del triángulo rosa como representación de la comunidad queer? Su historia es la de la opresión y la liberación, la vergüenza y el orgullo, y hoy es uno de los recordatorios más poderosos de la resistencia de la comunidad LGBTQI+. Pero no siempre fue así: durante el Holocausto, el régimen nazi persiguió a varios grupos, incluidos los homosexuales y las mujeres trans, obligándoles a llevar triángulos rosas en sus uniformes en los campos de concentración. Este símbolo pretendía marcarlos como homosexuales e “indeseables”, lo que conllevaba un trato más duro en los campos, donde perecieron alrededor del 60% de los homosexuales. Los nazis consideraban a los gays un perjuicio para su objetivo de crear una raza “aria”, lo que llevó a la persecución de unos 15.000 homosexuales.

Incluso después de la liberación de los campos de concentración, los que llevaban el triángulo rosa se enfrentaron a una persecución continua. La homosexualidad siguió siendo un delito en Alemania hasta 1968 y 1969 (cuando estaba dividida), lo que llevó a que a los supervivientes LGBTQI+ se les negara el pago de indemnizaciones y se sintieran incapaces de compartir sus historias debido a los prejuicios sociales. El triángulo rosa, por tanto, no sólo representaba los horrores del Holocausto, sino también la discriminación permanente contra la comunidad LGBTQI+. En la década de 1970, los defensores de la liberación queer en Australia, Europa y Norteamérica empezaron a reivindicar el triángulo rosa, concienciando sobre su uso durante la época nazi.

Las memorias de Heinz Heger, Los hombres del triángulo rosa, atrajeron una mayor atención pública hacia el símbolo, y los grupos de liberación gay pidieron que los hombres homosexuales lo llevaran como recuerdo y protesta contra la discriminación. Publicaciones como Gay Sunshine y The Body Politic promovieron aún más el triángulo rosa como símbolo de recuerdo. En la década de 1980, el triángulo rosa se convirtió en un símbolo positivo de identidad propia y comunitaria. Sin embargo, las actitudes de la sociedad hacia la comunidad queer seguían siendo tóxicas, ejemplificadas por la sugerencia del columnista del New York Times William F. Buckley Jr. en 1986 de que las personas con sida debían tatuarse para que la sociedad supiera quiénes eran.

Esto provocó la formación de ACT UP (AIDS Coalition to Unleash Power), que utilizó el triángulo rosa en su campaña Silence=Death (Silencio=Muerte) en Nueva York. Avram Finkelstein, que diseñó el cartel de ACT UP, invirtió el triángulo para representar la resistencia activa en lugar del victimismo pasivo. La campaña pretendía romper el silencio en torno a la opresión y aniquilación de los homosexuales, haciendo hincapié en la importancia de alzar la voz para sobrevivir. El triángulo rosa invertido se convirtió en un símbolo de la lucha por un mejor tratamiento de los enfermos de sida y de la comunidad queer en general. Incluso el artista Keith Haring creó una obra de arte que sirvió como poster para esta campaña.

A pesar de su reivindicación generalizada, el triángulo rosa, al igual que la palabra “queer”, no goza de aceptación universal dentro de la comunidad LGBTQ+. Algunas personas lo asocian demasiado a sus oscuros orígenes y a las atrocidades del régimen nazi como para utilizarlo. Pero, afortunadamente, ha sido ampliamente reivindicada en los espacios LGBTQI+, como recuerdo del pasado y símbolo de orgullo, solidaridad y lucha por la liberación. Los triángulos rosas se exhiben en concentraciones, protestas y monumentos conmemorativos de todo el mundo, lo que significa un compromiso para evitar que la historia se repita: es un recordatorio del pasado, un símbolo de la lucha actual por la igualdad y un faro de esperanza para un futuro libre de discriminación y odio.
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