Stonewall, la noche en que las maricas, lesbianas, trans y travestis se revelaron en Nueva York y cambiaron la historia LGTBIQ+
En junio de 1969, el Stonewall Inn, ubicado en 53 Christopher Street, en el barrio Greenwich Village de Manhattan (Nueva York, Estados Unidos), fue escenario de una revuelta que cambió la historia de millones de personas. Maricas, lesbianas, trans y travestis se enfrentaron a una redada policial que buscaba detenerlos por reunirse en un bar considerado ilegal en un contexto donde las leyes y la policía perseguían sistemáticamente a la comunidad LGTBIQ+. Sylvia Rivera, activista trans que estuvo esa noche, recordaba en entrevistas posteriores: “Nosotros estábamos cansados de escondernos y de que nos trataran como criminales. Esa noche dijimos basta y nadie nos detuvo”. Lo que comenzó como resistencia espontánea frente a la violencia policial se convirtió rápidamente en protesta colectiva que se extendió a las calles de Greenwich Village, transformando la indignación en organización, visibilidad y lucha política de la comunidad LGTBIQ+.

La revuelta de Stonewall no surgió de la nada sino en medio de un ambiente de hostigamiento constante. En la década de los sesenta en Estados Unidos, bares, espacios y reuniones LGTBIQ+ eran blanco de redadas, multas y persecución bajo leyes que criminalizaban la homosexualidad y la diversidad de género. Marsha P. Johnson, activista trans afroamericana y defensora de los derechos LGTBIQ+, otra figura fundamental en la revuelta, relataba: “Nos tiraron botellas y nos empujaron, pero no nos fuimos. La calle se volvió nuestra y nos defendimos unos a otros”, expresando cómo la protesta fue también un acto de solidaridad entre personas marginadas. Historiadores y activistas coinciden en que aquella serie de manifestaciones marcó el inicio del activismo moderno LGTBIQ+ y que las marchas del orgullo que hoy se celebran en todo el mundo tienen su origen en la fuerza y valentía de quienes se levantaron en Stonewall.

El legado de Stonewall demuestra que la memoria, la visibilidad y la organización colectiva son herramientas de resistencia. Sentirse orgulloso de uno mismo y de la propia comunidad LGTBIQ+ sigue siendo un acto de rebeldía que transforma vidas y mantiene viva la lucha por la igualdad. Cada gesto, cada bandera izada y cada celebración del orgullo conecta con aquella valentía de 1969, recordando que la historia de derechos conquistados fue escrita con la fuerza de quienes se negaron a desaparecer.




Por eso es importante mantener en nuestra memoria que cuando hablamos de Orgullo, recordemos que nació como una revuelta. Puedes hacer resistencia en tu día a día donando a organizaciones trans, organizaciones por los derechos LGTBIQ+, educando a quienes repiten discursos de odio sin pensar, saliendo a las calles y votando como si nuestra vida dependiera de ello, porque depende.
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