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Weyes Blood, la sirena folk que canta sobre sueños apocalípticos

MOR.BO RIOT: Weyes Blood, la sirena folk que canta sobre sueños apocalípticos
Weyes Blood. Fotografía: Instagram
Words mor.bo

Nacida en California y criada como hija de padres músicos que también eran profundamente religiosos, Natalie Mering ha estado escribiendo, grabando y actuando bajo diferentes variaciones del nombre Weyes Blood desde los quince años. En su trabajo, no tiene miedo de profundizar en los tiempos que vivimos, de cómo los cambios en la tecnología y la amenaza constante del colapso ecológico han cambiado la forma en que amamos y en lo que creemos.

Weyes Blood creció cantando en coros de gospel y madrigal. “La música clásica y renacentista realmente me influenció”, dice Mering, quien compró por primera vez una guitarra a la edad de 8 años. “Nuestras creencias son algo que todos los humanos necesitan de alguna manera. Los mitos compartidos son parte de nuestra psicología y supervivencia”, dice. “Ahora tenemos una extraña mezcla de capitalismo, cine y ciencia. Ha habido momentos en los que me he sentido muy existencial y perdida, pero para eso tengo mi música, no soy para nada religiosa”. Cuando era adolescente se escapaba al bosque para no tener que seguir ritos ni oraciones.

La multiinstrumentista Mering se inició en el mundo del noise y el rock experimental, tocando el bajo en el colectivo de rock freak Jackie-O Motherfucker (con sede en Portland) durante un tiempo antes de aventurarse en solitario hacia el año 2006. Originalmente se llamaba a sí misma Weyes Bluhd, pero los primeros lanzamientos de Mering llegaron en forma de cassettes de edición limitada, un gran campo de pruebas para sus canciones oscuras y folklóricas que se retorcían entre ruidosas y electrónicas corrientes subterráneas.

Para ese entonces, Weyes Bluhd se embarcó en varias giras, incluyendo una temporada en Europa con el grupo experimental Axolotl de Brooklyn. Al mudarse a Filadelfia, Mering continuó desarrollando su sonido, a veces tocando en espectáculos con el nombre de Wiseblood, a veces con un lienup rotativo de músicos de apoyo a los que llamaba Dark Juices.

Fue con una encarnación de esta banda de acompañamiento que hizo su primer álbum, The Outside Room, de 2011, atribuido a Weyes Blood & the Dark Juices. Entre otras colaboraciones, Mering agregó voces invitadas al álbum Mature Themes de Ariel Pink de 2012, después de lo cual se mudó a Nueva York, para lanzar los sonidos prístinos y otoñales de The Innocents, en 2014, que siguió con el EP Cardamom Times en 2015.

Progresando lentamente a sonidos más tradicionales a medida que su producción creativa tomaba forma, el trabajo de Weyes Blood se hizo más directo con el tiempo sin perder su carácter hechizante: eventualmente despejó los paisajes sónicos de sus canciones hasta que se asemejaron al folk más tradicional y al soft rock, en álbumes hermosamente producidos como Front Row Seat to Earth de 2016, que siguió con un EP de 12” con Ariel Pink llamado Myths 002.

Conseguí tomar las riendas bastante fuerte una vez que tuve el éxito que tuve con mi último disco. La gente me dio las llaves, como ‘¡Bienvenida a la industria de la música! Antes de eso, todo era como si apenas tratara de mantenerme a flote y probarme a mí misma. Creo que como alguien que creció amando a bandas como Sonic Youth y Talking Heads, estas bandas que tenían chicas en ellas, mi sueño era ser una fuerza de apoyo femenina para un grupo de músicos brillantes y yo sólo sería una contribuyente. No nací con ese ego o ese deseo de autopromoción, estaba más interesada en ser una chica en una banda. Cuando eso no funcionó y me convertí en mi propia cosa, tuve que aprender de la manera difícil cómo navegar siendo una mujer en la industria de la música”.

Andromeda, el primer sencillo de su cuarto LP, apareció en enero de 2019, y en abril, aterrizó Titanic Rising, que podríamos llamar el álbum que l llevó de alguna manera al mainstream.

El disco invita al oyente con un sonido reconfortante y algo nostálgico; pero bajo ese lecho de música pop de ensueño hay una avalancha de ansiedades sobre el cambio climático, la búsqueda del amor y el suicidio de un amigo. “El álbum trata un poco de aprender a lidiar con estos cambios de una manera que no nos jodan completamente llevándonos a la desesperanza”, explica. Además, la producción tiene una inspiración específica. La película Titanic de 1997.

“Después de verla, me llevé a casa toda la falta de dominio sobre la naturaleza, la arrogancia del hombre. Lo que me llevé de esa película no fue la historia de amor, sino esta sensación de, ‘oh, mierda, miren a estos hombres ricos, y la tercera clase se jode’. Para mí, ese fue el gran mensaje y fue casi como poner un fósforo en una manta mojada en términos de su impacto político”.

Detrás de melodías tranquilizadoras y arreglos folklóricos de guitarra deslizante se esconden letras cargadas de escepticismo sobre todo, desde el romance moderno hasta el futuro de la humanidad en el planeta. La idea de caer se repite con frecuencia, desde los árboles que caen en A Lot’s Gonna Change hasta una referencia al Jardín del Edén en Mirror Forever. Para Mering, el significado bíblico de una caída de la gracia resonó mucho después de que dejó la religión atrás. “Técnicamente soy una de las caídas, ya no soy cristiana”, dice. “Es un poco difícil deshacerte de todas esas cosas. Aún vives con un vacío, queriendo un sentido de propósito y salvación y destino y predestinación”, pero lo supera, afirma, a través de otro rito: cantar en vivo.

Pero Weyes Blood no es de las que se dejan llevar por la desesperanza; pues en Titanic Rising sus observaciones se desarrollan en un paseo etéreo mucho más meditativo que cínico. “Experimento la realidad a un nivel más lento e hipnótico”, dice. “Soy una escritor más contemplativa”. Para Mering, escuchar y pensar son experiencias concurrentes. “Hay influencias complicadas mezcladas con melodías nostálgicas más relatables”, dice. “En mi mente mi música se siente tan grande, una verdadera producción. No soy una gran artista popular, pero me siento así cuando estoy en el estudio. Pero nunca le quita importancia a la música. Solo estoy haciendo un espacio más grande para mí.”

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