Natalia Lacunza, la artista que transforma fragilidad en pop introspectivo
En una industria que premia la velocidad y el impacto inmediato, Natalia Lacunza eligió otra cosa, parar, escuchar y reconstruirse. Lejos del personaje que muchos intentaron imponerle tras su irrupción mediática, su carrera se ha convertido en un ejercicio consciente de intimidad y coherencia. No busca el hit fácil ni el foco constante; busca sentido. Y en ese gesto, aparentemente silencioso, hay algo profundamente generacional.
Nacida el diez de enero de 1999 en Pamplona, Natalia creció rodeada de música y sensibilidad artística. Su paso por Operación Triunfo la colocó rápidamente en el centro del escaparate, pero también la enfrentó a una presión que pocas personas de su edad saben gestionar. En ese contexto, canciones como Nana triste, junto a Guitarricadelafuente, marcaron un primer gesto de intimidad y contención emocional que ya apuntaba hacia el tipo de pop honesto que vendría después.
Ese camino comenzó a tomar forma con Otras alas y se consolidó en N2STAL5IA, su segundo álbum, un proyecto donde el pop se vuelve frágil, electrónico y confesional. Sobre este disco, Natalia ha dicho: “Durante el proceso creativo de este disco lo he pasado muy mal… sigo sin encajar bien en ningún sitio, pero igual es que mi naturaleza simplemente es fluctuante.” En otras palabras, su música nace de la vulnerabilidad y de la búsqueda de un espacio propio. Como ella misma explica: “He aprendido a no tener miedo al silencio. A confiar en que una melodía sencilla puede ser mucho más potente que todo lo que intentas adornar.”
Esa misma sensibilidad, más atenta a la atmósfera que al golpe inmediato, la ha llevado también a cruzar fronteras y a colaborar con otros universos afines. Es de resaltar que una de sus colaboraciones más especiales ha sido con Videoclub en Enfance 80, donde Natalia aporta su voz en castellano y francés, encajando de forma natural en la estética pop nostálgica y ochentera del dúo francés.
Natalia también ha explorado nuevas sonoridades junto a Jesse Baez en Un castigo, un tema que mezcla pop introspectivo y R&B atmosférico con matices emocionales y minimalistas, y que potencia su voz como narradora de estados íntimos.
Más allá del sonido, lo que diferencia a Natalia es cómo convierte estados emocionales complejos en canciones muy concretas. Temas como SABES QUÉ? funcionan casi como un desahogo, con letras directas y una producción contenida que deja respirar la voz. No hay exceso ni dramatismo, solo una forma muy precisa de transformar la confusión, el cansancio y el deseo de cambio en pop honesto.
En N2STAL5IA, Natalia apuesta por melodías sencillas, silencios bien colocados y estructuras que se sienten íntimas más que efectistas. Canciones como Singapur o SABES QUÉ? hablan de crecer, de no encajar del todo y de aceptar la inestabilidad como parte del camino. La música avanza con calma, pero con una claridad emocional que conecta de forma directa.
Natalia Lacunza no grita para ser escuchada. Sus canciones funcionan como un diálogo en voz baja con quien está al otro lado. En ese gesto íntimo, donde la vulnerabilidad se convierte en lenguaje musical, se construye su lugar dentro de esta generación: no como ruido, sino como refugio.
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