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Perspectives

Joe Biden es el nuevo presidente de Estados Unidos

Joe Biden y Kamala Harris. Fotografía: Mike Mulholland
Words mor.bo

Joe Biden — el ex vicepresidente de dos períodos bajo la administración de Barack Obama y veterano del Senado por 36 años — será el 46º presidente de los Estados Unidos. Su compañera de fórmula, la senadora por California Kamala Harris, será la primera mujer, la primera afroamericana y la primera india americana en ocupar la vicepresidencia. El nominado demócrata es el ganador proyectado en suficientes estados para ganar 290 votos electorales. El estado de Pensilvania, que Hillary Clinton perdió en 2016, fue declarado para a Biden hace momentos, asegurando la victoria electoral en una votación muy reñida que atrajo una participación histórica.

Con la victoria en Pensilvania, Biden superó los 270 votos electorales necesarios para ganar la Casa Blanca sumando también la victoria en otros dos estados, Georgia y Nevada.

Con la victoria de Biden, Trump se convierte en el 12º presidente en la historia estadounidense que pierde la reelección y es solo el cuarto en hacerlo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Biden había liderado a Trump en las encuestas nacionales y estatales durante meses, y aunque finalmente ganó la carrera, las encuestas en los estados críticos exageraron significativamente su liderazgo. La victoria de Biden llegó después de dos días completos de recuento de votos, que se retrasó en muchos estados debido al aumento de la votación por correo durante la pandemia de coronavirus.

Biden publicó el siguiente video dedicado a todos los estadounidenses tras conocer los resultados.

¿Concederá Trump?

La campaña de Trump emitió un comunicado que reza que la elección “aún no ha terminado”, que están confiados en que sus acusaciones de fraude serán confirmadas con recuentos, y que están seguros de que el proceso electoral estuvo malversado.

Sin duda, la transición será difícil: Trump ya señaló que no se irá tranquilamente, poniendo en duda la legitimidad de los votos contados tardíamente que llegaron por correo a los estados que le adjudicaron la victoria a Biden.

El presidente hizo una aparición frente a la prensa hace unos días, lanzando una serie de ataques sobre la legitimidad del sistema electoral de Estados Unidos, sobre las autoridades de los territorios que dan la victoria a Biden y sobre el propio candidato rival, basándose en afirmaciones sin fundamento. Trump acusó a Biden de querer “robar” las elecciones presidenciales del martes gracias a “votos ilegales”. Ni aportó pruebas, ni citó incidente alguno ni explicó por qué ha llegado a esa grave conclusión. Cuestionó, en resumen, la legitimidad de la propia democracia estadounidense.

“Si cuentas los votos legales, gano fácilmente. Si cuentas los ilegales, los que han llegado tarde, pueden intentar robarnos las elecciones”, dijo, en referencia a los votos por correo que se siguen contando, al inicio de una declaración de 17 minutos. También cargó contra la “histórica interferencia electoral” de los grandes medios de comunicación, los poderes económicos y las tecnológicas. “Las empresas de encuestas”, añadió, “fallaron conscientemente”, con el fin de empeorar la imagen de Trump.

Su discurso fue tal, que varios canales estadounidenses decidieron no seguir transmitiendo el mensaje de Trump debido a la cantidad de falsedades que estaba diciendo: es la primera vez en cuatro años de presidencia que muchos se atrevieron a hacerlo.

El difícil camino hacia adelante

Para Biden y Harris, la victoria marca el final de la campaña, pero el comienzo de un desafío aún más desalentador. Biden, que entra en la Casa Blanca como el jefe ejecutivo con más experiencia en el servicio público en la historia de los Estados Unidos y el hombre más anciano en asumir la presidencia, asumirá sus funciones en medio de una crisis histórica mundial, una pandemia que ya se ha cobrado más vidas estadounidenses que la Primera Guerra Mundial, Corea y Vietnam juntas y que ha producido las tasas de desempleo más altas desde la Gran Depresión.

Además, puede que Biden y Harris tegan que que tomar el poder con un Senado Republicano. Al momento de escribir este artículo, la pequeña posibilidad de un Senado Demócrata depende de las elecciones de Georgia en enero y de las elecciones no convocadas en Carolina del Norte y Alaska. Una ligera mayoría para los republicanos es muy probable. Un fracaso demócrata en dominar la cámara alta incluso si se aferran a la Cámara de Representantes como se esperaba — podría efectivamente terminar con la agenda de Biden antes de que tenga la oportunidad de tomar forma.

Biden ganó la presidencia reconstruyendo parcialmente la llamada “pared azul” para los demócratas — los estados industriales del medio oeste de Michigan, Wisconsin y Pennsylvania. También plantó una bandera demócrata en el Sunbelt, con Arizona, Georgia y Carolina del Norte todavía en juego (Biden lidera en los dos primeros y está detrás en el tercero). En el momento de escribir este artículo, ya ha acumulado 74,8 millones de votos frente a los 70,6 millones de Trump, y puede reclamar el récord de la mayoría de los votos en la historia de los Estados Unidos.

Los últimos cuatro años han sido trascendentales para la vida de los estadounidenses, desde los cambios de política en el rango normal de las presidencias republicanas (como el hecho de que Trump moviera la Corte Suprema marcadamente hacia la derecha y redujera las regulaciones ambientales y de seguridad pública) hasta otros muy ajenos a ella (como la enorme campaña de Trump contra la inmigración legal y su fallida respuesta ante la pandemia).

Los estadounidenses también han soportado niveles verdaderamente sin precedentes de corrupción en el poder ejecutivo, así como de criminalidad, eso sin hablar del alza de movimientos de supremacía blanca y milicias de ultraderecha. Tampoco podemos olvidar las semanas de tensión y las múltiples manifestaciones a favor de las vidas negras arrebatadas por la policía.

Y claro está, un histórico juicio político presidencial por impeachment.

La victoria de Biden es el primer paso de Estados Unidos para alejarse de lo que la administración Trump hizo, pero es solo un primer paso. No limpiará instantáneamente los errores y desaciertos de Trump, y mucho menos los problemas que le permitieron a Trump ganar y prosperar en primer lugar. Y la escala de su logro dependerá enteramente del resultado del Senado en un puñado de estados.

Aún así, los partidarios de Biden y Harris tienen derecho a celebrar. Los estadounidenses traumatizados por la presidencia de Trump pueden respirar un suspiro de alivio. Luego, será hora de que ellos, y el nuevo presidente, se pongan a trabajar.

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